“Es irresponsable”, dice Gert Kema, profesor en la Wageningen University & Research (WUR), sobre el hecho de que apenas se estén investigando nuevas variedades dentro del sector bananero. La enfermedad de Panamá y la Sigatoka negra son peligros que han estado presentes durante décadas, pero nunca se ha investigado sobre su resistencia. Durante más de diez años, Kema ha estado absorto en la banana, y le sorprende la actitud pasiva del sector.
En los últimos años, se han producido muchos cambios en el sector bananero: Chiquita y Fyffes cambiaron de propietario, Dole está a la venta y los precios en los supermercados europeos son estructuralmente bajos. “Aquí en el campus pago 50 céntimos por una banana, en Starbucks 80 céntimos y en el supermercado un euro por un kilogramo, lo que ejerce una enorme presión sobre el sector”, explica Gert. “Si los retailers ayudaran a obtener diferentes bananas, el panorama cambiaría por completo, pero es muy fácil ignorar al resto de la cadena de suministro”. La falta de investigación sobre nuevas variedades y la mejora de las actuales no es algo nuevo. Durante décadas, la investigación en el sector bananero parece ser la peor. Debido a eso, no hay diversidad genética en las bananas. Como resultado, el sector es limitado, lo que ocasiona riesgos importantes.
LLos problemas con la enfermedad de Panamá, especialmente ahora que las bananas Cavendish resultan ser muy susceptibles a la cepa “Tropical Race 4” (TR4), han estado presentes desde hace al menos dos décadas. En los últimos años, se ha prestado más atención a los peligros del moho. La investigación llevada a cabo por WUR hace algunos años, en la que se desarrolló un método para determinar en un día si una planta estaba infectada por TR4, funcionaba a la perfección. Antes de que se desarrollara este método, se tardaba al menos tres meses en identificar la TR4. Poco después de la presentación del nuevo método, el moho también se encontró en Jordania y Mozambique, fuera de su territorio tradicional en el sudeste asiático. “Eso realmente sorprendió al sector”, cuenta Gert. “Todo el sector se mantuvo alerta, porque el moho ya no estaba tan lejos de los productores en América del Sur. Con nuestra investigación, determinamos que los problemas relacionados con la TR4 son mucho más grandes de lo que pensaba el sector. “India, Omán, Líbano y Pakistán ahora también se han agregado a la lista de países infectados, y la expansión de la TR4 seguirá aumentando en los próximos años.
“Las bananas son una cosecha intrigante”, continúa Gert. “Es difícil para mí explicar por qué el sector responde tan lentamente ante esta amenaza”. No es la primera vez que la producción mundial de banana se enfrenta a una enfermedad devastadora. En la década de 1950, una variante anterior de la enfermedad de Panamá diezmó la producción de banana. Esa variante supuso el final de la banana Gros Michel, la variedad que mantenía el sector a flote en ese momento.
“Como sector, sería sensato invertir en investigación sobre control e innovación de enfermedades. El desarrollo de nuevas variedades es esencial y en un sector tan grande como el sector bananero, debería ser posible. Como criador de plantas, me sorprende que la gente se limite a mantener una variedad”, expresa Gert. “Creo que es un pensamiento pasado de moda”. Cavendish no era una variedad nueva que surgió de la investigación, sino una variedad silvestre que casualmente resultó ser resistente durante la primera epidemia de la enfermedad de Panamá que acabó con la vida de Gros Michel. “Hay muchas bananas silvestres con una enorme diversidad, pero no se escogen para mejorarlas. La banana Cavendish tampoco se ha mejorado, ni las bananas para los mercados locales”.
Fuente: www.freshplaza.es

 

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